Un nuevo directivo de empresa puede cometer tres errores al armar su equipo. Son también los desafíos para Barack Obama, dicen el ex CEO de GE y la ex directoria de Harvard Business Review.
El presidente electo Barack Obama pronto será el líder del más poderoso gobierno del mundo libre. Pero, en los hechos enfrenta el desafío de cualquier jefe nuevo de regular el mundo antiguo. Su mayor tarea es la de ensamblar el equipo adecuado. Y, como cualquier otro jefe flamante, Obama pronto describirá que el proceso puede salir mal. Los viejos aliados le presentan ya sus casos, y otras fuerzas bloquean a ciertos candidatos. Crecen las presiones. Un día, ese flamante jefe descubrirá que su circulo cercano no es el equipo de ensueño en el que pensó. Si el proceso de crear un equipo implica tantos obstáculos, ¿Qué debe evitar el líder cuando lo organiza?
PRIMER ERROR: premiar, automáticamente, a los leales. Cuando una persona llega a un alto cargo, se puede sentir abrumado por el impulso de respaldar a quienes primero lo apoyaron. Conocemos al director de una empresa que designo como presidenta de la división digital a una jefa de Recursos Humanos a quien conocía desde hacía mucho tiempo. La gratitud de ese ejecutivo le hizo olvidar que tenía poca experiencia en la materia. Ese es un atajo hacia la mediocridad y el desastre. Y es que la lealtad no convierte a una persona en el mejor candidato a un cargo. Lo que se necesita es un cerebro poderoso, una energía prodigiosa, y la capacidad de motivar a otros. Sin esas cualidades, los leales serán siempre jugadores de segunda en empleos de primera. Eso, a su vez, constituye un gran problema por una simple razón: los jugadores de segunda suele contratar a otros jugadores de segunda o, peor aun, de tercera. Y eso crea una cadena de desempeño mediocre.
SEGUNDO ERROR: Contratar a personas que busquen sacar provecho propio. Pocas cosas tan atractivas como tener a un candidato que le dice al jefe que se muere por trabajar con él. Esta persona que comparte mi visión, pensará él. Y tal vez sea cierto. Pero existe el riesgo de que tenga otros motivos. Por ejemplo, reactivar una carrera estancada. Lo vemos en los directores independientes, esos profesores de finanzas o de ética, que están siendo contratados por muchos consejos de administración, a partir de la Ley Sarbanes-Oxley, para investigar prácticas ilegales en empresas. Esos directores independientes cobran grandes sumas, pero no querrán presentar mensajes contrarios a lo que piensa la junta directiva. ¿Por qué van a morder la mano que les da de comer? Obama evito este error al designar al legislador Rahm Emanuel como jefe de gabinete. Emanuel es alguien que podrá discrepar con su nuevo jefe sin miedo, pues sabe que en el mundo real puede conseguir otro empleo y salario formidables.